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27 sep. 2010

La vida, hijo...

La vida, hijo, es una continua lucha, es lo fugaz y al mismo tiempo lo eterno. Cuando se puebla de amor desaparece la soledad, las cosas toman sentido, se iluminan los caminos, surgen las esperanzas, nos redimimos.
La alegría suele ser efímera, por eso hay que capturarla cada vez que nos invade, enseñarle el camino de regreso, que se aquerencie. Hay que instruirla en el arte de vencer a la tristeza.
La reflexión es necesaria frente a cada decisión, porque los errores se pagan caros, siempre. No importa el tiempo, tampoco el espacio, el destino se cobra todo, lo bien hecho, lo mal hecho.
Las miserias humanas son muchas, y nadie está libre de ellas. No te creas Dios, apenas sos humano, mágica y misteriosamente humano.
Si renegás de tus padres, tus hijos renegarán de vos. No juzgues con tanta crueldad a tus mayores, sólo son consecuencia de La Vida y sus deslices. Vos cometerás los tuyos y querrás que se te indulte. Empezá entonces por ser más tolerante…

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